Una de las cosas más emocionantes que se puede vivir en la vida son los minutos de espera detrás de bambalinas mientras llega tu turno para entrar en escena. No importa si es el acto de fin de año de la escuela o el ballet clásico del Colón, el sentimiento de exquisita ansiedad, mezcla de pánico desenfrenado y emoción incontenible, es irrepetible y bastante inexplicable para alguien que nunca lo vivió. Solo si tuviste la suerte de estar ahí alguna vez, entre las bambalinas, con tu vestuario y maquillaje retocados mil veces y vueltos a retocar, ensayando en tu mente los distintos detalles de tu performance y a la vez dejándote llevar por el espectáculo que estás viendo desde backstage, podrás entender el sufrimiento exquisito que produce ese nudo en el estomago que te atenaza las tripas sin dejarte respirar.
Cuando cumplí nueve años mi mamá me llevó a clase de danza clásica, y me encantó. Sinceramente creo que bailar es una de las cosas más lindas que hay en el mundo y hacerlo en un escenario, con espectadores, es todavía mejor. No entiendo bien por qué, pero parecería ser una característica de la condición humana disfrutar más las cosas cuando las estamos mostrando, cuando alguien nos está viendo, cuando hay testigos de lo que hacemos, cuando hay alguien para compartirlo. No es necesariamente en todo en la vida, pero generalmente es el objetivo de nuestros actos y esfuerzos poder compartir con alguien más, ya sea tu pareja, tu familia, tus amigos, tu curso, tu escuela, tu ciudad o la humanidad entera; el fruto de tu trabajo, de tu esmero, y sobre todo de tu pasión.
En fin, no sé si era pasión lo que me guiaba, pero seguro que disfruté muchísimo pasarme tardes enfrente de la barra repitiendo las posiciones de pies y brazos (primera, segunda, etc…), levantando la pierna hasta tocarme la frente y aprendiendo a caminar en puntitas. Mucho más disfruté todavía probarme los vestuarios, maquillarme en el camerino y hacer mi coreografía en escena, aportando mi pequeño pedacito de destreza y entusiasmo para completar el show.
Sea como sea, y sin saberlo, a los nueva años ya había empezado a completar mi bucket list con una de las experiencias más lindas y memorables de mi vida.