domingo, 21 de noviembre de 2010

69. Actuar o bailar en un escenario.


Una de las cosas más emocionantes que se puede vivir en la vida son los minutos de espera detrás de bambalinas mientras llega tu turno para entrar en escena. No importa si es el acto de fin de año de la escuela o el ballet clásico del Colón, el sentimiento de exquisita ansiedad, mezcla de pánico desenfrenado y emoción incontenible, es irrepetible y bastante inexplicable para alguien que nunca lo vivió. Solo si tuviste la suerte de estar ahí alguna vez, entre las bambalinas, con tu vestuario y maquillaje  retocados mil veces y vueltos a retocar, ensayando en tu mente los distintos detalles de tu performance y a la vez dejándote llevar por el espectáculo que estás viendo desde  backstage, podrás entender el sufrimiento exquisito que produce ese nudo en el estomago que te atenaza las tripas sin dejarte respirar.
Cuando cumplí nueve años mi mamá me llevó a clase de danza clásica, y me encantó. Sinceramente creo que bailar es una de las cosas más lindas que hay en el mundo y hacerlo en un escenario, con espectadores, es todavía mejor. No entiendo bien por qué, pero parecería ser una característica de la condición humana disfrutar más las cosas cuando las estamos mostrando, cuando alguien nos está viendo, cuando hay testigos de lo que hacemos, cuando hay alguien para compartirlo. No es necesariamente en todo en la vida, pero generalmente es el objetivo de nuestros actos y esfuerzos poder compartir con alguien más, ya sea tu pareja, tu familia, tus amigos, tu curso, tu escuela, tu ciudad o la humanidad entera; el fruto de tu trabajo, de tu esmero, y sobre todo de tu pasión.
En fin, no sé si era pasión lo que me guiaba, pero seguro que disfruté muchísimo pasarme tardes enfrente de la barra repitiendo las posiciones de pies y brazos (primera, segunda, etc…), levantando la pierna hasta tocarme la frente y aprendiendo a caminar en puntitas. Mucho más disfruté todavía probarme los vestuarios, maquillarme en el camerino y hacer mi coreografía en escena, aportando mi pequeño pedacito de destreza y entusiasmo para completar el show.
Sea como sea, y sin saberlo, a los nueva años ya había empezado a completar mi bucket list con una de las experiencias más lindas y memorables de mi vida.

martes, 9 de noviembre de 2010

Hoy subí Mi Bucket List.
Estuve bastante tiempo pensándola, y le hice muchas modificaciones. Desde ya que, no es para siempre jamás. Como alguien dijo alguna vez, jamás es una palabra muy grande para los hombres, asique voy a permitirme cambiarla si se me ocurre. 
Si te interesa, pegale una mirada a la página de este blog titulada "Mi Bucket List" (obvio, no?)

jueves, 4 de noviembre de 2010

Mi Bucket List (cont)

Atormentada por saber que sólo me quedaban 6 años para llegar a los 30 (fecha temida cómo si fuera la misma muerte por la mayoría de los veinteañeros, yo no voy a ser la excepción) me armé Mi Bucket List. Para los que no saben de qué se trata, consiste en una lista de cosas que uno considera imprescindible hacer antes de un determinado momento en su vida, puede ser la muerte, tener hijos, o cumplir una determinada edad, como es mi caso.
En fin, lo cierto es que dediqué toda una mañana a poner todas esas cosas que creía que ineludiblemente tenía que hacer antes de pasar a la próxima década. No fueron cosas trascendentales, algunas tienen un significado un poco más profundo, pero la gran mayoría fueron caprichos que se me antojaron geniales al momento de escribir. Cuando terminé la lista, noté con sorpresa, que casi la mitad de las cosas que figuraban en ella yo ya las había hecho. Increíblemente, de una lista de 100 puntos, yo ya había cumplido gran parte, y vale la pena aclarar que la lista incluía algunas cosas bastante locas. Me di cuenta que en realidad no había desperdiciado mis 24 años en pavadas y que efectivamente había vivido experiencias maravillosas. Se me fue la mufa y fue entonces cuando decidí que, para no volver a caer en estas crisis existenciales anuales, de ese momento en adelante iba a escribir en un cuaderno cómo había tachado cada ítem de la lista. Eso implicaba redactar la historia de todos los puntos que ya había completado y además ir sumando nuevas anécdotas cada año. De esa forma, cada próximo cumpleaños podría ver en esas páginas todo lo que había vivido y descubrir mi propia historia, mis pequeños grandes logros.
El formato de cuaderno decidí abandonarlo, y así nació este blog. La idea no es sólo compartirte mi propia Bucket List (eso ya lo han hecho muchos) sino hacer un recuento de cómo alcancé a completarla. Espero disfrutes esta historia tanto cómo yo disfruto vivirla y después contarla.  

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Mi Bucket List

Desde que cumplí 15 años que me acompleja mi edad y por sobre todo, me trauma mi cumpleaños. Dos son las razones principales:
Primero y más importante, es que siento que me queda menos tiempo por vivir. Mi cumpleaños me hace recordar que me estoy poniendo vieja. Pero no es el deterioro del cuerpo, las estrías, la celulitis, las futuras arrugas lo que me atormentan, sino el hecho de saber que estoy un poco más cerca del final. El sentimiento es muy similar al que se siente cuando se está leyendo un buen libro. No sé si alguna vez te pasó, pero muchas veces me he angustiado de saber que sólo quedan un par de capítulos para el final, y si bien me mata la intriga de saber qué es lo que va a pasar en las próximas páginas, también me entristece saber que esa historia tan apasionante y entretenida está por terminar. De la misma forma, cuando cumplo un año más me doy cuenta que, al mismo tiempo, me queda un año menos. Y este no es un pensamiento muy alentador que digamos.
La otra principal causa de mi depresión aniversaria (llamémosla así) es que siempre considero que “para esta altura ya tendría que haber logrado muchas más cosas”. A los 15 creía que ya tendría que haber tenido un novio, a los 16 que no tenía amigos suficientes (unos 40 aproximadamente se ve que no alcanzaban), a los 17 que ya tendría que haber resuelto lo que iba a estudiar, a los 18 que no estaba segura de lo que estudiaba, y así al infinitum, o no, así hasta los 24 años que tengo ahora. 
En mi último cumpleaños decidí que estaba harta de mis estándares inalcanzables sacados de anda a saber qué película barata o qué ejemplo idílico de novela, y analicé mi vida con un poquito más de objetividad. Si bien no me había recibido, había roto con mi novio de toda la vida y no había encontrado un nuevo amor en un año y medio, ni estaba cerca de irme a estudiar un posgrado a Europa como tanto había soñado; descubrí que en realidad había hecho cosas bastante extraordinarias. Y sucedió de la siguiente manera: (continuará…)